Había una vez un campo de girasoles. Cuando llegaba la noche todos agachaban la cabeza y se encogían sobre sí mismos. Un día llegó la noche y hubo un girasol que no quiso dormir. Se quedó tieso y derecho mirando hacia el cielo con atención. Sabía que pasaría algo. Y pasó el tiempo, y salió la Luna. La Luna, sorprendida de ver un girasol observándola se puso enfrente de él y lo miró. Era un giraluna. Entonces la Luna decidió obsequiarlo y girando sobre su propio eje le mostró su lado oculto. Era su regalo para el giraluna por haber tenido fe, por no haber perdido la curiosidad y por haber seguido su propio criterio.
Algo así les contaré algún día a mis hijos antes de ir a dormir. Seamos giralunas.
ResponderEliminarSeamos giralunas!
ResponderEliminarM'encantaria veure el costat fosc de la lluna. Bé, de tot en general.
ResponderEliminarHola! he visto tu blog y es sencillamente genial.
ResponderEliminarte sigo, devuelves?
besos!